“…no hay nada en este mundo que se acerque ni remotamente a la experiencia de la ópera y la voz humana zambulléndose en las profundidades de nuestra humanidad”. [1]

Joyce DiDonato

La ópera es un espacio musical donde se juega un caleidoscopio de posiciones femeninas que encarnan voces singulares. Sin ánimo de historiar, es interesante recordar que la voz femenina tuvo que abrirse poco a poco por la frecuente prohibición de que las mujeres subieran a los escenarios.

En un principio el castrati hacía oír la voz blanca, pagada con una operación real que sacrificaba una parte de su cuerpo . La exclusión de la voz de las mujeres fue fruto del dictamen mulieres en ecclesiis taceant (las mujeres deben guardar silencio en la iglesia) basado en Corintios I, c14, v 34: vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice”.

 

La figura del padre en la ópera tiene toda su importancia, sin embargo son padres autoritarios que suelen generar la tragedia con su endeblez. A su alrededor, las mujeres en papeles de amantes, heroínas, trastornadas, extraviadas…hacen oír sus voces. Norma, Carmen, Lucrecia, Butterfly, Lulú…mujeres repetidas pero siempre diferentes para quienes los hombres hacían sus libretos, sus músicas, sus escenarios para vestirlas con sus fantasmas y ellas respondían con el objeto voz, frecuentemente prodigioso, exaltado al límite por el bellcantismo. Hay mucho para decir sobre la ópera y las mujeres[2] pero no soy especialista en el tema .

 

He tenido ocasión de ver en el Liceu I Capuleti e i Montecchi de Bellini en la que una mezzo tiene el papel de Romeo , esto no es una novedad sino una versión antigua, resto de la época en la que el castrati hacía la voz femenina mientras que la figura de autoridad se daba a la voz de tenor.[3]

La ópera es interpretación y esta versión con vestuario de Christian Lacroix es definida por Boussuard, director de escena, como un homenaje a la belleza femenina.

No es una versión del drama shakesperiano ya que tiene sus raíces en obras italianas anteriores y tiene gran actualidad por su estructura y por su presentación.

Tampoco es la historia de amor su centro porque es el nombre de las familias en guerra lo que le da título dando cuenta de las luchas entre güelfos y gibelinos en la Verona del siglo XIII. Es la división de Julieta entre el padre (culpabilizado por el coro al final por “despiadado”) y el amor. Por eso cuando Romeo le pide que huyan ella se niega respondiendo: “aquí me encierra un poder más fuerte que el amor” .

Esta es la idea central, hay un goce que es más fuerte que el amor.

Joyce DiDonato, la excelente mezzo que canta Romeo, dice que se trata de una obra sobre la guerra y lo ineluctable de la misma, donde se trasluce que es una máquina inexorable que no podrá ser detenida. Boussard señala que “Bellini cortó deliberadamente la voz a las mujeres en esta pieza” y agrega “solamente Julieta es la única mujer que canta y esto es algo muy particular del machismo de la época.”

Por eso marca a las figurantes homogenizadas por el silencio “con una flor en la boca porque no pueden hablar” y  les hace llevar un vestido diferente a cada una. “Es una manera hacer visibles a las mujeres con una celebración de la belleza femenina. En aquella época muchas expresaban su libertad y su singularidad a través de su ropa“.[4] Los hombre en cambio van todos vestidos iguales.

Así (,) distintas interpretaciones se amalgaman, si DiDonato habla de la guerra de familias, Boussard la remite a la de géneros y a los vestuarios que toman un papel relevante, no en vano los hace Lacroix con su exuberancia chocante que lejos de romper moldes los estereotipa.

Ciofi, junto con Siurina son las sopranos que cantan Julieta, y dice de su vestuario “No es un modelo simétrico sino que está roto, hay retazos de ropa que cuelgan para mostrar a esta mujer rota por dentro, dividida entre Romeo y su padre. Julieta vive como en una cárcel de la que no puede escapar“.

DiDonato aclara la función del vestuario “…lo que preciso de un vestuario es que una vez me lo pongo me convierta directamente en el personaje”.

Tiene todo su interés pensar que son dos voces femeninas que muestran que el amor es un velo que se desgarra por la pulsión de muerte . Pero lo más interesante es la afirmación de DiDonato: “… hay algo en el dueto entre dos voces femeninas que va más allá porque a veces no sabes quién está cantando”.

Lo interesante de esta mezzo es que junto con su espléndida voz tiene belleza artística, simpatía y un blog que se agradece.

DiDonato señala que cada voz es distinta, que no hay un único modo válido para todos los cantantes y resalta la singularidad[5] : “lo importante en la música es vivir con ella y no imitar a nadie que la haya hecho antes”.

Pero todo el cuerpo es el instrumento, no solo la voz y precisa muy bien la función de la misma en tiempos “hipertecnológicos”: “La gente necesita desesperadamente una conexión con algo real, profundo y humano. La voz puede ofrecer esto. Y siento un gran respeto por ello”.

DiDonato[6] sabe hacer jugar muy bien la ambigüedad de su voz de mezzo como se puede escuchar en su Diva, Divo donde canta papeles femeninos y masculinos. Por si había alguna duda, la portada hace un guiño al Blake Edwards de Victor o Victoria. Es este el punto más interesante, la voz trae a primer plano el enigma del goce en juego.

Hebe Tizio. AME de la ELP: Barcelona.

[1] Prieto,D. “Joyce DiDonato: “Cuando lo hacemos bien, no hay nada en el mundo que se aproxime a la ópera” El cultural, El mundo.14/03/2016

[2]           Seydoux, H. Las mujeres y la Opera. LIDeditorial. Madrid.2011.

[3]           Alier,R. “Bel canto con espíritu shakesperiano” En: I Capuleti e i Montecchi. Edi.Lliceu.2016

[4]           Cervera,M. El periódico. 16 de mayo del 2016 –

[5]           Fraga,F. Matamoro,B. Revista Scherzo enero 2011 Comienzo de la entrevista publicada en Scherzo nº 259, enero 2010)

[6]                Rosado,B. El Cultural 04/03/2011